16.9.09

Does God hate women?

El título de este post es el nombre de un libro escrito por los filósofos Ophelia Benson and Jeremy Stangroom, el libro explora el papel que la religión desempeña en la cultura de opresión de la mujer. Llegue a este libro de casualidad, justo al estar leyendo una noticia reciente de la liberación, en Sudán, de una periodista sudanesa que fue condenada por indecencia pública al vestir un pantalón. Este caso es emblemático de la existencia de discriminación de género que sucede no solo en Sudán sino también en otros estados sean islámicos o no.

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Algo que hacemos a diario, que no nos molesta en lo más absoluto a las mujeres hoy en día, a otras les puede costar 40 latigazos o un mes en la cárcel. Las noticias como estas, o peores, son comunes; sino es alguna castigada por no usar velo, es apedreada por haber sido violada y por tanto cometió adulterio, o una menor de edad es prometida en matrimonio por sus padres con un hombre que le cuadriplica la edad.

No es un problema de sistemas jurídicos dispares, en los que se acusa a los sistemas occidentalizados más desarrollados, el imponer su cultura jurídica a otros sistemas con principios y procedimientos diferentes, esto es un asunto de dignidad humana. El Derecho Internacional de los Derechos Humanos comprende regulaciones que van más allá de las diferencias entre las culturas, reconoce la existencia de valores universales.

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Lubna Hussein, con los pantalones “indecentes” que llevaba cuando fue detenida.
Fuente: El País

A pesar que el lugar de la mujer en el mundo industrializado ha mejorado enormemente en los últimos cien años; y en los últimos cuarenta años ha variado especialmente en términos sociales, culturales y políticos; en el resto del mundo, muchas mujeres siguen llevando una vida de miseria y horror. Pero la religión parece ser una excusa para la puesta en práctica de esta “misoginia”, varios ejemplos los leí en un artículo de Nick Cohen, Turning a blind eye to Misogyny, en el que enumera:

“(…) las leyes que regulan el adulterio en la Sharia establecen que una mujer violada debe enfrentar la tarea imposible de proporcionar cuatro testigos varones para justificar su alegación o ser declarada culpable de adulterio. Cuando los violadores dejan embarazadas a las mujeres paquistaníes, el tribunal considera a su abultado vientre como prueba contra ellas. En Nigeria, los tribunales islámicos no solo castigan a las mujeres violadas por adulterio, sino que ellas enfrentan un castigo adicional de una paliza por hacer falsas acusaciones contra los "inocentes" hombres. En Israel, sectas ultra-ortodoxas de Jerusalén golpean a la mujer que es vista en compañía de hombres casados. En los Estados Unidos, los fundamentalistas de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días dan a adolescentes, en matrimonios arreglados, a hombres muy mayores y les dicen que deben satisfacer por completo a sus deseos. En Arabia Saudita, las mujeres viven en un estado teocrático que las detiene al caminar solas en la calle, al conducir un coche, y al hablar con hombres que no son de su familia.”

Como es de general conocimiento, los límites que se pueden imponer a la libertad de pensamiento, de religión y de conciencia se especifican con toda claridad en los tratados internacionales, muchos de estos tratados han sido ratificado por varios países islámicos, incluido Sudán, pero ojo que esto no es necesario para el respeto del llamado núcleo duro de los derechos humanos. El Derecho Internacional ha permitido innumerables desarrollos que observamos sin darnos cuenta en nuestra vida diaria, ¿cuánto falta para que dejemos de escuchar noticias como esta? ¿que se necesita para que se de el cambio de estas normas? Lo desalentador es que existe una doble vulneración, la primera, en establecer regulaciones arbitrarias u obscuras; y la segunda vulneración viene con la falta de acceso a recursos que puedan cuestionar decisiones o normas arbitrarias. Ambas situaciones son violatorias del Derecho internacional, pero la segunda es el obstáculo que no permite que las voces de las mujeres o de la sociedad, se escuche y por tanto que no se pueda cambiar la situación.

La presión internacional ha sido efectiva en el caso de Lubna Hussein, no fue azotada como parece ser que sucedió con las otras mujeres que la acompañaban, ella renunció a su cargo como funcionaria de la Misión de las Naciones Unidas en Sudán para no apoyarse en su inmunidad y protestar por su detención, asimismo se negó a pagar la multa para no darle legitimidad a un veredicto que consideraba injusto; hoy ya se encuentra en libertad porque el sindicato de periodistas pagó la multa.

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