Yo, con tristeza de verte así, con vergüenza ajena. Con pena de la actitud que pueden tener las personas. Ya no veo el mundo como lo veía.
Me he sentado a tu lado y has muerto de miedo. Has respirado profundo y te has dado cuenta del error, soy inofensiva. Tus miedos no radican en mi presencia, sino en lo que se de ti, eso debe hacerte sentir mal.
Igual yo sigo sintiendo pena, volteo de reojo y te llego a ver, tan familiar para mi, tan cerca y tan extraño a la vez, con la mirada vacía, sin recuerdos. En mi sueño se delinea tu rostro tal cual, te conocí tanto. Y llega el momento en que me siento vulnerable, y cedo, ante tu rostro y los por qué. Entonces, lo percibes y atrapas ese momento, como siempre lo has hecho; lo atrapas y no lo sueltas, lo llevas hacia ti y te sientes fuerte; lo atrapas y dices, "lo lamento".
Yo hago el gesto mudo de "qué más da", ahora sin voz por haber sucumbido ante tu rostro y los por qué.
(¿Por qué quiero entenderlo todo siempre?)
Hago el gesto mudo de "qué más da" y comienzo a escuchar el amago de un inicio de conversación, del inicio de un pedido, del inicio de una consulta infomal, que sale de tu boca, de la mirada vacía, sin recuerdos.
Me doy cuenta de eso y me despierto con lágrimas.





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